Costumbres que pueden perjudicar el desarrollo oral

Aunque la herencia genética es el origen de muchos problemas orales que pueden provocar la necesidad de usar una ortodoncia, también hay algunos hábitos que pueden acabar provocando problemas en el desarrollo.

Los hábitos orales se han definido como aquellas acciones involuntarias, repetitivas y duraderas en el tiempo que no cumplen ninguna función, y, en cambio, ejercen fuerzas perjudiciales sobre las piezas dentales, los maxilares, las encías y tejidos blandos de la boca, produciendo así alteraciones en el desarrollo oral y deformaciones dentoesqueléticas. Algunas de ellas pueden corregirse, sin embargo, si se mantenido durante mucho tiempo, sus efectos sobre las estructuras orofaciales pueden requerir tratamiento. 

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Hoy en día, una de las causas principales de la aparición de maloculsiones son los llamados hábitos orales parafuncionales en niños, sobre todo en las sociedades desarrolladas. Es por ello que las principales asociaciones ortodóncicas del mundo, entre ellas la Socidedad Española De Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial (SEDO), recomiendan llevar a los 6 años (y no más tarde de los 7) a los niños a su primera revisión de ortodoncia para la detección precoz de las maloclusiones, lo que favorece el diagnóstico de los hábitos orales perjudiciales. De este modo, los especialistas pueden evaluar la repercusión sobre el desarrollo oral del niño, y la necesidad de realizar un tratamiento con el fin de corregirlo.

Con independencia de esta revisión, los padres pueden ayudar a detectar que existe un problema prestando atención a cuestiones que pueden significar una señal de alarma,  como si tiene la mayor parte del tiempo la boca abierta, si ronca, si se chupa el dedo, si tiene dificultades para cerrar los labios, si tiene ojeras pronunciadas, si sus encías están inflamadas, si ubica la lengua en posición baja y al tragar saliva ésta empuja los dientes o, en caso de que tenga más de un año y no haya incorporado en su alimentación todas las consistencias.  

Entre ellos los hábitos orales que con mayor frecuencia causan problemas bucodentales están:

 

 -Respiración oral 

La presencia de un obstáculo que impide el paso correcto de aire por la nariz (alergias, amígdalas, vegetaciones pólipos, tabique nasal desviado…) puede provocar la respiración por la boca de forma habitual. 

 

 Esto impide el crecimiento adecuado de los maxilares y favorece la aparición de gingivitis y sequedad bucal. Además como la lengua se sitúa en una posición baja en la boca para permitir el paso del aire, no estimula el crecimiento en anchura del paladar, y esta posición mantenida en el tiempo provoca que la mandíbula crezca hacia abajo y no hacia adelante, lo que produce un alargamiento facial.

 

 

-Deglución atípica e interposición lingual

Consiste en la interposición de la lengua entre los dientes superiores e inferiores al tragar. Si este hábito persiste más allá de los cuatro años de edad del niño, puede producir deformación del paladar, mordida abierta anterior (se produce la imposibilidad de juntar los dientes al cerrar la boca), proyección hacia delante de los dientes anteriores superiores e inferiores, y, por tanto, falta de sellado labial (lo que puede provocar problemas en el habla).

 

 

 -Succión digital y labial

 

Que un niño se chupe el dedo es relativamente habitual, y si deja de hacerlo antes de los 3 años de vida, las repercusiones sobre el desarrollo oral suelen ser reversibles. De lo contrario, suele deformar la mordida del niño (creando sobre todo mordidas abiertas y compresiones del maxilar).

 

 -Uso prolongado del chupete y biberón

 

 El hábito de succión es normal en la vida intrauterina y en los primeros meses de vida, pero a medida que erupcionan los dientes de leche, los niños deben comenzar a masticar. Se recomienda retirar el chupete y el biberón a los 12 o 18 meses de edad (y en ningún caso superar los 2 años), ya que si este hábito continúa en el tiempo puede producir deformación en el paladar y mordida abierta anterior, compresión maxilar o incisivos protruidos.

 

 -Dieta excesivamente blanda

 

El tipo de alimentación que se da a los niños en sus primeros años de vida, tiende a ser cada vez más blanda: pan de molde sin corteza, bebidas de fruta triturada, purés y cremas, yogures...

 

Este tipo de alimentos son más fáciles de tragar y digerir, pero obligan a ejercitar menos la musculatura masticatoria y se desarrollan menos los maxilares, lo que puede provocar una discrepancia entre el tamaño de estos y el de los dientes. Esto puede causar falta de espacio y apiñamiento, entre otras causas.

 

Sociedad Española de Ortodoncia

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